jueves, noviembre 28, 2013

Arturo y el mendigo




 Arturo, un señor de unos cincuenta años, bajo, regordete y con barba, se dirigía a casa con su coche ya entrada la noche cuando se encontró, en medio de la carretera., a un señor mayor que parecía un mendigo. Frenó el coche con rapidez y le preguntó qué le pasaba. El hombre le entregó un libro y desapareció en la oscuridad de la noche. Arturo, confuso, se metió en el coche con el libro y siguió su camino. Ya en casa echó un vistazo al escrito. Se trataba de un libro muy antiguo de casi seiscientos años que estaba en otro idioma.

Al día siguiente, Arturo llevó el libro a un especialista, que se quedó paralizado al verlo.

-¡Qué tiene usted, madre mía! ¡Es valiosísimo!, dijo el especialista.

-¿De veras? ¿Cuánto puede valer?, dijo Arturo.

- ¡Más de un millón de euros!, gritó el especialista.

Arturo salió de la tienda. Pero cuando iba a coger el coche, un hombre con un cuchillo le gritó: ¡Dame el libro ahora mismo o te mato! Asustado, Arturo salió corriendo con su coche. De camino volvió a encontrarse con el mendigo. El hombre tiró una llave y volvió a salir corriendo. En la llave se podía leer: HACIA EL NORTE DEBERÁS IR PARA EL TESORO ENCONTRAR, NECESITARÁS ESTA LLAVE, UN RARO COLLAR Y EL LIBRO EL REY MORAT. Arturo siguió hacia el norte siguiendo las indicaciones, pero entonces escuchó un coche que le seguía. Pudo distinguir al hombre que le había atacado antes y a otros tres más. Paró el coche, y salió corriendo. Ya en el bosque volvió a encontrar al mendigo que le dijo:

-Ven rápido conmigo, te siguen.

Arturo aunque algo desconfiado, le siguió hasta una gran roca en la que había una cavidad para meter la llave y otra para meter un colgante.

- Meta su colgante y la llave, también debe leer la segunda página del libro, dijo el mendigo.

- ¡Ah! para eso me querías... Lo haré, dijo Arturo.

Este empezó a leer. Cuando acabó, una puerta se abrió en la enorme roca. Dentro había un cofre. Los dos cogieron el cofre y se fueron de allí. Entonces el mendigo, se quitó la ropa, que en realidad era un disfraz. Arturo se quedó paralizado. Entonces el señor dijo:

- En realidad no soy un mendigo. Me llamo Matio Hulkey y soy el director del museo más importante de Londres.

- ¿De verdad? Dijo Arturo.

- Sí y el tesoro es suyo, pero ahora me gustaría pedirle que me lo dejara prestado para exponerlo en mi museo.

- Claro que sí. Será un orgullo para mí, respondió Arturo.

Desde entonces, los dos son grandes amigos y Arturo, siempre que puede, le visita. A él y a su tesoro.
IGNACIO IGLESIAS, 6ºA

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